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Anoia

06/09/2018

Tal y como imaginaba agosto ha sido algo puñetero. He descubierto con este mi superpoder olfativo que no me molesta ni el humo de los puros -antes odioso- aunque me he vuelto extremadamente sensible a la contaminación del tráfico.

Ningún problema para salir y beber, pero el terraceo con fumadores -tabaco y mechero sobre la mesa- ha sido raro, raro, como si nunca lo hubiera dejado, como si me encontrara casual y momentáneamente sin cigarro y en cualquier instante pudiera coger un pitillo con toda naturalidad. Cuenta Rebeca en su diario que a veces se olvidaba de que ya no fumaba y sufría un pequeño shock al recordarlo. Yo no lo podía creer, ¿cómo es posible, si no pienso en otra cosa? Pues sí, cuatro meses de "no fumo", "no quiero fumar", "qué bien que ya no fumo" y a la que te despistas, o quizá cuándo al fin te relajas, la cabeza vuelve al modo por defecto de dos décadas.

Tengo claro que si alguna vez caigo será una decisión consciente, comprando hasta el mechero, nada de robar caladas o pedir un cigarro, planteamiento que ha sido muy útil durante mis dos crisis del mes:

La primera surgió tras un problema familiar reincidente, de esos frustrantes porque la solución no depende de ti. Mientras rumiaba mi impotencia me imaginaba de camino al estanco, de vuelta con todo el pack, liando y fumando uno tras otro, dejando morir las horas ahumada... un acto de flagelación inútil que solo ocurrió en mi cabeza.

La segunda ocasión me enfadé con mi marido en un concierto y quedé sola en medio del público, echando humo, pero sin cigarro. La bronca se arregló rápido, pero del intervalo me salvó mi vagancia: para llegar al puesto de tabaco debía atravesar la multitud y me daba taaanta pereza. Ni siquiera quería fumar para relajarme, no... ¡para fastidiarlo a él!: "Bah, total, me fumo uno y que se joda". Esta adicción te deja idiota

A veces creo que de joven no aprendí ciertas cosas y de ahí estos automatismos mentales. Todo se arreglaba con el cigarrito y, claro, ahora

  1. No sé gestionar la ansiedad
  2. No sé gestionar la ira
  3. No sé gestionar el aburrimiento
  4. No sé gestionar la frustración

Intento aprender a manejar estas situaciones, a "saber hacer" además de "no hacer" y, ante la duda, me aferro a mantras ajenos: no me doy permisos, hago del abandono mi prioridad absoluta y lo concibo como un acto de puro amor propio, porque yo, mis niños, no tengo abuela: me quiero, me adoro, me compro un loro... y no fumo.

4 comentarios

jajajaja creo que los que empezamos a fumar desde muy jovenes no aprendimos

A veces creo que de joven no aprendí ciertas cosas y de ahí estos automatismos mentales. Todo se arreglaba con el cigarrito y, claro, ahora

  1. No sé gestionar la ansiedad
  2. No sé gestionar la ira
  3. No sé gestionar el aburrimiento
  4. No sé gestionar la frustración 

                                                                                                                    Ahora que dejamos el cigarro estamos aprendiendo a gestionar presisamente estos puntos pero la buena noticia es que se puede un dia a la vez aprendemos a lidiar con esto y al final como a los dos años parece que se encuentra una estabilidad y ya sin mono, parece no asi es y esperemos en Dios que sea un poquito antes por ejemplo para mi hoy jajajajaja....

Saludos!!!
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Enviado por Otrebla el Vie, 07/09/2018 - 01:49

Otro mes que pasó y éste era de los difíciles 

Mucha fuerza

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Enviado por Kike002 el Dom, 09/09/2018 - 19:25

Muy bien. Ahora la normalidad, Todo muchísimo más fácil. Ánimos.

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Enviado por Chincho el Mié, 12/09/2018 - 14:37

Muy bien. Ahora la normalidad, Todo muchísimo más fácil. Ánimos.

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Enviado por Chincho el Mié, 12/09/2018 - 14:37