Diferencias entre el primer y segundo mes

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Anoia

03/07/2018

Me gustaría comentar la evolución en los efectos negativos de dejar de fumar durante los dos últimos meses, como una forma de hacer balance y apreciar este cambio tan rápido pero que tan lentamente se vive:

Efectos psicológicos:

  • Ansiedad: menor, pero sigue ahí, como un invitado que se mete en la fiesta equivocada, mirando incómodo desde un rincón. No suelo mascar chicle ni caramelos, a veces me duele la lengua y es de tenerla presionada contra los dientes, pero no la vivo de forma consciente.

  • Necesidad de pensar día a día: ya no necesito limitarme psicológicamente al "hoy no fumo". Me he concedido un año y pensar en ese plazo no me genera la ansiedad terrible de antes. El "para siempre" aún no lo asimilo, pero ampliar el horizonte de un día a un año es un gran avance.

  • Sentimiento de duelo: ya no me siento abandonada, ni como si hubiera perdido un compañero de vida. Al contrario, me parece ahora un amigo traidor, de los que te apuñalaban por la espalda mientras fingían ayudar: ¿Y así paga mi confianza? Qué duelo, ni qué milonga. Derechito pa' la mierda ya, hombre.

  • Craving: si hablamos de ganas repentinas y muy intensas de fumar... cero. De verdad, nada.

  • Irritabilidad: del cabreo eterno a estar casi más serena que de fumadora, dentro de mi malhumor característico. Como sé que la irritación me incita a fumar intento cortarla rápido y el autocontrol que aplico a abstenerme sirve para no alargar la ira innecesariamente. Las respiraciones, el Chi Kung y todas estas cosas supongo que también habrán ayudado. Las discusiones con mi hija, carne de Hermano mayor, que siempre acababan conmigo fumando en el balcón por no soltarle una guantá han bajado varios grados en la escala de Richter.

  • Ganas de fumar: el primer mes eran agudas y ahora son crónicas. Sufro desde hace años dolores de espalda debido al sedentarismo y esto se le parece mucho: solo lo sientes cuando le prestas atención y un masaje o medicamento puede aliviarlo temporalmente, pero no desaparece nunca del todo y eso te va minando la moral. La solución a este problema no es el descanso sino todo lo contrario: ejercitar y fortalecer la musculatura para evitar la sobrecarga fácil. Me consuelo imaginando una especie de "músculo de no fumar", que solo se cura usándolo.

  • Depresión: o algo muy parecido e inconstante. Este es un síntoma nuevo, que surgió el segundo mes. Durante el primero, pese a las dificultades, sentía que lo estaba consiguiendo y cada pequeña victoria aumentaba mi determinación, con momentos de verdadera euforia, donde la propia ansiedad actuaba de carburante. Ahora lo que tengo es un estado de relativa normalidad acompañado de una enorme desidida y una facilidad asombrosa para coger cualquier leve pensamiento negativo y convertirlo en una presión insoportable en cuestión de segundos. Todo me hace llorar, todo. Nada me despierta verdadero interés. Desgraciadamente he visto la depresión en mi entorno y sé que enfrentar los problemas y forzarse a seguir activo es la única manera de evitar caer en esa espiral donde primero dejas de hacer deporte o evitas esa charla incómoda porque, uf, estando así quién los aguanta, y al final no puedes ni levantarte de la cama. Me animó leer en el foro una chica que había pasado algo parecido; creo que voy mejorando, pero no canto victoria.

  • Pensar en fumar: me refiero al proceso puramente intelectual por el que te autoconvences para, eventualmente, volver a fumar, que es distinto de las ganas. Las razones van cambiando con el tiempo, pero siempre son una especie de preparación mental para el desastre. Ya no me parece un esfuerzo heroico estar sin fumar y la mejora física es tan espectacular que es imposible racionalizar un recaída por esos parámetros; pero estar deprimido tampoco es estar sano. Al final una vuelve una y otra vez el verdadero terror original, el que disuade a todo fumador del intento y, sospecho, lleva a muchos a volver: ¿de qué me sirve vivir sana durante muchos años si no los voy a disfrutar? Esta línea de pensamiento intento siempre combatirla así:

  1. Hay una correlación estadística significativa entre fumadores y depresión, y otra entre dejar de fumar y depresión, pero no se sabe muy bien el porqué: ¿el carácter depresivo lleva a la adicción, la adicción lleva a la depresión o hay un tercer elemento común a ambos? ¿Dejar de fumar desenmascara la depresión o la provoca?. Esto evidencia que no hay verdadera certidumbre de que el problema se arregle fumando.
  2. Tengo dos opciones: vuelvo a fumar y quizás se vaya la depresión o sigo sin fumar y quizás se vaya la depresión. Es como con los kilos, sí, los has ganado al dejarlo, pero nada garantiza que los pierdas por volver,los testimonios dicen incluso lo contrario.
  3. Fumé durante 22 años y solo llevo diez semanas sin fumar, es absurdo pretender una recuperación inmediata, hace falta más tiempo: este año no fumo y el próximo ya veremos. 
  4. Si la situación se alarga o agrava existen tratamientos. No tiene sentido volver a fumar sin haber explorado primero otras soluciones.

Efectos físicos:

De las ventajas no voy a decir mucho porque son las evidentes y todos las notamos, aunque las más importantes son las que nunca podremos apreciar realmente: menor probabilidad de contraer enfermedades terribles y ganar una década a la muerte (buscad las gráficas de los estudios sobre esperanza de vida de fumadores, no fumadores y ex-fumadores, son aterradoras). Ahora mismo quizás la consecuencia más importante es que dedico mucho más tiempo a cuidarme y eso potencia todos los beneficios, físicamente me siento mucho mejor, más fuerte

Mis hitos personales: 25 minutos de carrera continua por primera vez en años (¡respirando por la nariz todo el tiempo!) y, como cosa inesperada, las encías: yo fumaba aspirando siempre por los dientes de abajo y los veía amarillear, pero hasta el día que lo dejé no empecé a examinar toda mi boca con atención. Las encías bajo el labio inferior tenían un color horroroso, entre morado y negro, mientras el resto se veían sanas y sonrosaditas ¡el dentista nunca me había dicho nada!. Ahora el área oscura se ha reducido muchísimo, solo quedan dos pequeñas manchas que espero también desaparezcan con el tiempo.

El estreñimiento ha desaparecido hasta el que ya tenía crónico antes de dejarlo, que no era pequeño. Aún no me acostumbro a ir al baño sin lectura.El hambre la ahogo a base de infusiones, también compenso mucho los momentos de "vacío" con chocolate. He subido 4 kilos desde que lo dejé sumados al sobrepeso previo y pese al ejercicio. Quiero pensar que están bien distribuidos, porque la verdad es que ni me los veo en el espejo ni he subido de talla, debe ser que me miro con buenos ojos.

1 comentario

Mil gracias por tus comentarios. Me acaban de ser muy utiles para empezar en breve mi segundo mes, y veo que coincido contigo en todo.

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Enviado por avueltas el Jue, 02/08/2018 - 17:54