El camino hasta aquí

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Anoia

11/05/2018

Mi padre murió al cumplir los cuarenta, el hígado deshecho tras superar la hepatitis B -"la buena"- y toda una corta vida de gintonics sin fruta y Winston de contrabando. Mi madre prefería Camel, con el dibujo de un dromedario, los albañiles trabajaban con un Mecánicos sin filtro colgando del labio, el director del colegio paseaba su puro por el aula y mis compañeras repetían a coro aquello de "no bebes, no fumas, no follas... pa' que vives, gilipollas". Pese a este contexto, o quizás por su causa, mi hermano y yo crecimos odiando el tabaco. Cuando, totalmente desconcertada, le preguntaba a mi padre enfermo por qué seguía fumando y bebiendo contra el consejo de la doctora, él siempre respondía que le relajaba. Probablemente fui de los pocos a quienes su muerte pilló por sorpresa.

Empecé a fumar a los 14, tras su muerte, sola y a escondidas1, para relajarme. La "fumadora social" llegó algo más tarde y me pasé a Marlboro porque todos decían que era el mejor: del cigarro en el recreo al cigarro y la copa de fiesta, de unos carnavales con tres días de marcha seguidos a costumbre diaria de unos pocos pitillos.

En algún momento de 1997, Coronas, la marca de tabaco negro que fumaban las señoras de mediana edad, decidió sacar una línea de rubio para el público más joven, con una promoción que duró meses: dos paquetes por cien pesetas2. Más o menos por la misma época nació L&M, otra marca de precio reducido. Abandoné Marlboro congratulándome por el dinero que iba a ahorrar.

A los 19 gastaba dos cajetillas diarias y una bronquitis aguda; silbidos en el pecho al respirar e inhalador cada dos horas. No podía dar una calada sin ahogarme, lo que no me impedía intentarlo. La doctora me advirtió que si seguía así aquello podía volverse crónico. Ya recuperada hice mi única tentativa con los parches y no duré un día. Preocupada por las consecuencias en mi salud, pero resignada a necesitarlo porque me relajaba, reduje el consumo a un paquete.

A los 29 me fui dos meses a Inglaterra; el tabaco allí era tan caro que compré picadura. Comprendí entonces que había derrochado años limitándome a simplemente fumar, cuando podía tener un hobby con su técnica y vericuetos intelectuales; liar cigarros, recargar el gas, cambiar la piedra del mechero, seleccionar y conservar el tabaco, elegir filtro, tamaño, peso y tipo de papelillos, siempre de combustión lenta porque, maravilla de maravillas, el cigarro ya no se consumía solo. Redescubierto el placer de fumar resultó que fumaba menos, porque el tiempo de preparación y ejecución necesario era incompatible con lo circunstancial o la espera. Dejó incluso de gustarme el tabaco de paquete, que me causaba dolor de garganta. Sumado a la entonces reciente prohibición de fumar en centros de trabajo y espacios públicos, y que yo misma me había exiliado al balcón de casa, rara vez llegaba a los quince cigarrillos. Lo mío era ya el colmo de la concienciación, no sé por qué mi marido seguía dándome el coñazo para que lo dejara.

Hace unos años emigré a Alemania. Entre el trasiego de empezar una nueva vida y que debía salir a la terraza en pleno invierno a temperaturas bajo cero había días que apenas fumaba. Por primera vez pensé en hacer un esfuerzo consciente para reducir drásticamente el consumo. Ponía los filtros del día en La Lata3 y procuraba distribuirlos. La mera idea de pasar un sólo día de abstinencia se me hacía inimaginable, sólo había pasado cinco días sin humo en dieciséis años, todos en el hospital: dos tras una operación y tres tras el parto, porque embarazada también fumaba.

Pasé los últimos tres años en la horquilla de 5-8 cigarros, creyendo que mi cuerpo iría perdiendo la necesidad de nicotina, pero llegó un momento en que toqué suelo. Nunca había fumado tan poco y sin embargo solo entonces fui plenamente consciente de mi dependencia. Da igual lo que hiciera, no es solo que fuera incapaz de bajar, es que llevaba años batallando por mantener los límites y hacerlo me costaba cada vez más en lugar de menos esfuerzo.

Fumé mi último cigarro la noche del 25 de abril de 2018. Sensu stricto, el tabaco siempre se deja "de golpe", porque en algún momento tienes que dar el salto de fumar a no fumar, pero a mí me gusta pensar que lo he dejado "poco a poco", en un proceso que ha durado 22 años.

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1 No hizo falta sisarlos, la primera vez que me pidieron el DNI en un estanco ya tenía 18.

2 Unos 0,66 €. Las islas afortunadas, le llaman, es más barato estar borracho y fumando que comer.

3 La Lata, una cajita cutre de Chesterfield, regalo de promoción de bar, donde guardaba papelillos, piedras, filtro y mechero. A veces parecía que una llevara ahí material de santería. Confieso que soy algo fetichista con los "artículos de fumador": me fascinan esas pulquérrimas vitrinas con petaca, pitillera, Zippo, pluma y abrecartas, me recuerdan a los expositores de su pariente, los "artículos de papelería".

7 comentarios

Vale, todos hemos tenido estas vivencias, pero ahora es un partido nuevo. Todo aquello acabó. Ahora empieza otra nueva vida sin fumeque. Así que ponte las pilas. Saludos

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Enviado por Chincho el Vie, 11/05/2018 - 19:46

Ainoa y cuando tengas mucho mono, te metes aquí, que todos te vamos a ayudar. Seguro que lo consigues, en eso estamos todos, Mucho animo.

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Enviado por Chincho el Vie, 11/05/2018 - 19:49

Ánimo aqui estamos para lo que necesites

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Enviado por casilda el Vie, 11/05/2018 - 20:31

Mecánicos, alias el rompepechos! Estuve viviendo en Las Palmas tres años y recuerdo como los nativos se fumaban los Kruger y los Mecánicos sin pestañear…..ufff, como fumar napalm.

Me he visto reflejado en algunos episodios de tu relato y me ha llamado mucho la atención la montaña rusa en la que has montado a tu adicción. Has descrito también la trampa mortal de reducir el consumo, lo que te lleva a considerar que tu vicio es un diamante que por algún motivo alguien te quiere arrebatar. Me ha gustado mucho tu camino hasta aquí y creo que he aprendido de él.

      Sigue escribiendo Anoia, que tú vales mucho

 

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Enviado por Steppen el Vie, 11/05/2018 - 22:21

Anoia su relato es muy bueno me gusto muchas cosas no las conozco pero lo que si se es que al final tuvimos la misma adiccion a la nicotina y es dificil pero no imposible dejarlo aca estamos para lo que se le pueda ayudar, yo aun paso momentos duros principalmente con tristeza pero bueno no me e muerto  hoy me siento bien..... 

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Enviado por Otrebla el Vie, 11/05/2018 - 23:05

Que buen relato Anoia. Un placer leerte y mucha fuerza y ánimo con el tabaco (o mejor sin el tabaco)

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Enviado por Kike002 el Mar, 15/05/2018 - 23:10

Bonito relato.ánimo! 

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Enviado por mmq el Jue, 17/05/2018 - 12:36