Impresiones (3)

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Anoia

25/05/2018

12 días sin fumar

Hoy salí a la terraza por primera vez y me senté en la tumbona donde siempre fumaba. Me llevé una infusión, recliné el respaldo y disfruté de la luz y el calor, que es algo que en Canarias uno no aprecia por omnipresente y hasta cansino pero aquí se vive como un lagarto, reptando al balcón cada vez que intuyes un rayito de sol. Así me quedé dormida hasta que vino la familia y pasamos un rato agradable charlando; no pensé para nada en el tabaco, fue estupendo.

13 días sin fumar

68,5 kg. Casi he vuelto a mi peso al dejar de fumar. El ejercicio debe estar ayudando o como menos sin darme cuenta.

16 días sin fumar

Ayer desperté varias veces por unas pesadillas pese a que no suelo soñar, ni bien ni mal; fumaba en todas.

Aunque técnicamente mi casa siempre ha sido -excluido el balcón- zona de no fumadores, la semana anterior me había resultado imposible concentrarme, así que apliqué la recomendación de ir a sitios que no asocie con fumar y marché a la biblioteca todos los días. Es un gasto innecesario en transporte y un desperdicio de espacio en el hogar -acondicioné mi oficina casera con mucho mimo, precisamente intentando reproducir ese entorno fresco, silenciosos y mullido, y esa paz interior que me producen las bibliotecas-, pero debo reconocer que ha sido realmente productivo: no me despisto pensando en otras tareas y sin las pausas del cigarro y las distracciones asociadas a la interrupción gano casi una hora.

El primer día no pude concederme un descanso: "¿para qué?, si no voy a fumar", pero cinco horas de literatura española de posguerra no hay cabezón que lo resista. Tanteo alternativas: comer frutos secos, estirar, comprar un chocolate caliente en la máquina, mirar por el ventanal, ir al baño, chatear, ojear los folletos de eventos o las secciones de música, películas y videojuegos... Por las tardes atiendo compromisos, tareas, deporte, cena y tele, todo del tirón. La saturación de actividades me impide pensar en tabaco, con prisa y sin pausa; lo siento realmente agotador. Me digo a mí misma que sin cigarro era igual pero me persuado regular. ¡Qué cansado es no fumar!

17 días sin fumar

Es increíble lo de mi marido, años protestando y cuando por fin lo dejo ni una palabra de aliento, no sé si es falta de fe o que prefiere no decir nada para no cagarla. A veces paso de refilón y suspiro fuerte para que me pregunte y meter la cuña de las lamentaciones. Nunca he sido la feliz poseedora de un carácter moderado, más bien al contrario, pertenezco a la escuela de Un día de furia: este mundo de grandes injusticias y pequeñas gilipolleces me mantiene en un estado de ira perpetua, reprimida, reconducida o racionalizada por mor de la paz familiar y social. No me creo más irritable que antes, pero sí expreso mis emociones con más facilidad y sin demasiados remordimientos, siento incluso un secreto regocijo por esta impagable ocasión para recitar mi libro de los agravios: es el mono quien habla, vida mía, ya tú sabes...

Es de agradecer que, en general, mi ambiente facilita mucho dejarlo, ambiente en parte creado por mí (reducción progresiva del consumo, lugares y contextos donde fumaba), en parte por circunstancias externas: mis amistades de aquí no fuman y las de allá siempre fueron anti-tabaco o lo dejaron jovencitos, hecho que no ayudó sino a reforzarme en el hábito, creyéndome como los últimos de Filipinas.

Vivo además en una zona residencial y en este país todo cierra a las 20:00 y los domingos. Para las máquinas de tabaco hace falta una tarjeta especial para comprar que nunca me molesté en adquirir. Rarísima vez salgo a pubs o discotecas y el alcohol lo consumo moderadamente. Con ello me refiero a baja graduación y pequeña cantidad cuando me apetece, no a ser abstemia entre semana pero juernes, viernes y sábados curda de whiskey y maratón con jarras de a litro, que es a lo que llamaba yo "moderado" hace una década.

Todo esto significa que si me diera un arrebato irrefrenable por fumar el esfuerzo necesario para conseguir tabaco me daría bastante tiempo para reconsiderarlo. Me pregunto a veces que pasará cuando abandone esta pequeña y plácida burbuja en la que me he instalado: empieza la temporada de asaderos y festivales; en verano un mes a España; me veo cual monja que sale del convento.

18 días sin fumar

Leí un artículo de un nutricionista referido a la comida, pero aplicable a otros ámbitos. Afirma que es mejor dejar de consumir alimentos perjudiciales que empezar a consumir alimentos saludables. Los comentaristas se lo tomaron con sorna: menuda obviedad ¿no?, si uno deja de comer un dulce lo tendrá que sustituir por otra cosa -no va a morirse de hambre- que será por fuerza más saludable; existe por tanto una relación directa entre dejar de comer lo menos sano y comer lo más sano.

Pero el problema del que advierte el autor es la inexistencia de una relación inversa: se observa con las campañas de alimentación para "comer más sano", como la de cinco raciones de fruta y verduras, que la gente añade alimentos saludables a su dieta sin eliminar el consumo de los perjudiciales; incluso acaban promoviendo la obesidad, porque se come más y el número de calorías (la fruta también tiene azúcar) se dispara. Algo parecido pasa con las horas de sueño, dormir hasta la una del sábado puede servir para sentirse más descansado, pero no regenera las neuronas destruidas por el insomnio entre semana.

Todo esto ocurre porque albergamos la falsa creencia de que un mal hábito se compensa con otro bueno y nos lleva a cosas como intentar "compensar" el daño del cigarro con ejercicio intenso, que es como taparse la cara porque se te ve el culo.

Medité mucho sobre ello sentada en la terraza, después de ver a un hombre ya más que maduro corriendo por el asfalto, bajo un sol de justicia y con audibles dificultades para respirar. Él pensará que es muy sano lo que hace, pero yo me permito dudarlo.

19 días sin fumar

Anoche me llamó desde España mi mejor amigo, que padece depresión, bebido y con una caja de antidepresivos en el cuerpo diciendo que quería morirse. Colgué, llamé a su familia para que lo llevaran al hospital y esperé hasta el día siguiente, sin fumar, porque ni había nada más que estuviera en mi mano hacer ni un cigarro iba a cambiarlo. Hoy me han dicho que está consciente y fuera de peligro. No deberíamos afirmar con tanta alegría aquello de "es solo psicológico". Psicológico no significa irreal ni carente de consecuencias físicas.

22 días sin fumar

Vuelvo a ser una marmota que duerme 8 horas y se levanta somnolienta. Problemas para dormir en general no había padecido, pero si es cierto que despertaba temprano y mucho más espabilada de lo habitual; supongo que mi cuerpo se habrá acostumbrado al oxígeno. Por el lado bueno, tampoco siento ya ese hambre voraz a todas horas, aunque en un arrebato me puedo zampar un paquete de galletas. Sigo pensando en tabaco con frecuencia, no es craving, pero siempre está ahí, como una sombra.

 25 días sin fumar

Día horroroso, una sensación terrible, ganas de llorar y desasosiego continuo. Ya no sé si por el cigarro, los exámenes, la vida en general o qué. Por la tarde tuve que salir a dar una vuelta porque no aguantaba más en casa, casi corro nada más pisar la calle. Dicen que la ansiedad es un vestigio evolutivo de cuando los humanos nos enfrentábamos a los peligros de la naturaleza y sólo había dos opciones: atacar o emprender la huida. Pues ha tocado lo segundo, un deseo irrefrenable de huir... ¿de qué y adónde? pues vaya usted a saber. El cuerpo me pide movimiento y la cabeza sentarme en el sofá para sentirme cómodamente miserable.

27 días sin fumar

Con dolor de garganta desde ayer. De cualquier cosa fuera de lo habitual culpo a la falta de tabaco y es rara esta carraspera, no per se, sino por la ausencia de los síntomas concomitantes: placas, mocos, malestar y fiebre... pero no, respiro divinamente. sólo es un ligero dolor y esto, que debería alegrarme, lo hace más inquietante. Salud no tendré, pero hipocondría que no falte.

No paro de darle a las infusiones, unas cinco diarias, parece que sustituí con ellas los cigarros. Ya tengo ritual para mi momento tranquilo del día, justo después de la cena, cuando más me aprietan las ganas de fumar: me desparramo en mi sillón orejero con una infusión relajante, una onza de chocolate y el móvil, donde leo cosas relacionadas con dejar de fumar o la alimentación, desde experiencias a información más científica que me ayuda a comprender este proceso. Me sirve de apoyo, pero quizás sea hora de aflojar, sustituirlo progresivamente por alguna de mis eternas lecturas pendientes.

Subo y bajo en un margen de tres kilos como un yo-yo, no me preocupa. Sigo con el deporte cuando el clima lo permite y vivo cual nazareno de la cofradía de las agujetas del desplazamiento perpetuo; como cada día es una actividad distinta y voy aumentando la intensidad parece que siempre falta algún músculo infrautilizado por descubrir.

Jueves, 24/05. 29 días sin fumar

Definitivamente el carraspeo subió al oído, creo que tengo una ligera infección. Parece que es normal, las vías respiratorias tienen que aprender a defenderse de agresiones externas sin esa mucosidad permanente que la cubría, generada para protegerse del tabaco. Y yo que pensaba que dejar de fumar me haría inmune a las enfermedades... qué digo inmune, ¡Inmortal!

3 comentarios

Jajaja, cuidate Anoia. Como siempre un placer leerte 

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Enviado por Kike002 el Sáb, 26/05/2018 - 00:32

“es el mono el que habla, cariño”, jejjeje, que mala…….“un buen habito compensa otro malo”, yo me conozco la historia. Jugaba al tenis para eliminar toxinas, pero después de jugar, me tomaba una cerveza y me fumaba varios Camel para celebrar la desintoxicación, siempre con alguien tan enganchado al tabaco como yo, y en el colmo del autoengaño, seguía pensando que llevaba una vida saludable.

Un diario es la semilla de un escritor oculto, tu diario íntimo antinicotina me recuerda en algunas cosas a mi cuaderno de bitácoras, palabras flotantes que acaban mezclándose y convirtiéndose en pensamientos que parecen ser ajenos a nosotros, a pesar de ser confesiones encubiertas. Lo estás haciendo muy bien Anoia, sigue escribiendo, recuerda que también es tu terapia. Ah, y espero no deprimirte, porque creo que tú ya lo sabes: la sombra del tabaco siempre nos va a acompañar ……....pero un cielo luminoso por haber vencido al tabaco, también.

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Enviado por Steppen el Sáb, 26/05/2018 - 17:29

Que placer leerte pique expresas lo mismo que hemos sentido todos

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Enviado por casilda el Dom, 27/05/2018 - 16:34