Para los que no se animan

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Anoia

15/05/2018

Aquí una experiencia que puede animar a indecisos. Muy claro y bien resumido, es una pena que se pierda entre las respuestas de un foro durante años, menos mal que está google:

Fuente: https://www.burbuja.info/showpost.php?p=11938677&postcount=18

Yo dejé de fumar hace ahora unos nueve años. Fumaba un mínimo de dos paquetes al día de Marlboro lights (hasta tres si salía de farra, bebía y tal) y, sobre todo, pensaba que lo de dejar de fumar era algo que podían hacer otros, pero no yo.

Un verano, de vacaciones en Alicante, con un calor y, sobre todo, una humedad del copón, me doy cuenta de que respiro mal, como si mis pulmones no acapararan suficiente aire.

El chispazo: el acojone. Te das cuenta de que lo de fumar ya no es una broma, que realmente te está haciendo daño. Nunca antes había pensado en dejármelo O, mejor dicho, no me lo había querido plantear porque me creía incapaz de hacerlo.

Primera fase. Unos cuatro días o así fumando lo mínimo. Salía a pasear, porque paseando respiraba mejor que echado en el sofá, y además me era más fácil resistir las ganas.

Segunda fase. Soy perfectamente consciente de que no puedo estar eternamente fumando cuatro o cinco cigarrillos al día. Mi dosis es otra muy superior, y más pronto que tarde volveré a ella. La regresión a la media es así de terca. Así que tengo muy claro de que sólo hay dos opciones: o dejo de fumar del todo, o vuelvo a los dos paquetes de Marlboro L. Le echo huevos (ayudado por el acojone de unos días antes) y me decido, por primera vez en mi vida, a dejar de fumar de verdad.

Tercera fase. El mayor fantasma es la ansiedad, y no hay mayor ansiedad para un fumador que no tener tabaco. Así que, por paradójico que resulte, compré un paquete nuevo de MArlboro y un sobre de tabaco de liar (pro si me daba por ahí) y los guardo en el cajón más recóndito de la caasa. Saber que en caso de no soportarlo más podría fumar me tranquilizaba algo.

Los primeros siete días son la caña. Los zarpazos de ansiedad son recurrentes, casi constantes. Para combatirlos me apoyo en cuatro elementos:

Angel Chicles de nicotina. Para mí fueron fundamentales. Obviamente, no puedes abusar porque precisamente estás intentando dejar de depender de la nicotina. Pero a mí me ayudaron tomándolos cuando la ansiedad me parecía insuperable. Hay que tomar los menos posibles, pero todos los necesarios.

(Cool Pasear. Afortunadamente me encanta andar, así que me dedicaba a dar paseos de horas.

Coffee Agua, hasta que te salga por las orejas. Si sientes ansiedad es preferible beber agua que recurrir a un chicle.

Martini Elimina todos los alimentos y bebidas que más deseos de fumar te produzcan. En mi caso, cero cafeína (y mira que soy cafeinómano).

(E) Soledad. En mi caso llevaba mejor las cosas estando solo. No fui a ver a la familia, que vivía no demasiado lejos, por no amargarles con mi mal humor. Tampoco quedaba con amigos porque eso significaban comidas, cañas, cafés... Pasé esos siete primeros días como un cartujo.

(F) Yo no recurrí a ello, pero imagino que puede venir bien algún ansiolítico ligero, recetado por tu médico, claro. Como digo.

Bueno, en resumidas cuentas: siete días infernales. Golpes de ansiedad horrorosos pero, de pronto...

Primer claro entre las nubes. De pronto, como te digo, a la séptima noche (o la sexta o la octava, no puedo precisar) me doy cuenta de que la ansiedad se ha ido. Me fumaría un cartón de rubio, claro, pero lo importante es que controlaba bien ese deseo. Euforia. También es la primera vez en una semana que soy capaz de sentarme a leer en el ordenador y permanecer atento a lo que leía o escribía durante un buen periodo de tiempo. Estoy tan eufórico que hasta me hago un nescafé con hielo. Y luego otro más. Dios, cómo necesitaba también mi buena dosis de cafeína.

Cuarta fase: has ganado la primera batalla, pero queda mucha guerra. Al día siguiente, a pesar de mi euforia, me doy cuenta de que los golpes de ansiedad no se han ido, sino que regresan. Pero creo que lo peor había pasado. En primer lugar, ya no son continuos, como hasta entonces. Se hacen intermitentes. Conforme pase el tiempo serán menos frecuentes y menos intensos. En segundo lugar, había ganado una gran confianza y sabía que podía derrotarlos.

También hay un aspecto importante: cuantos más días consigues pasar sin fumar, mayor sientes que es la inversión en esfuerzo que has realizado. Así que más incentivos tienes para resistir. De hecho, una de las cosas que hice ese primer día de luz fue tirar el tabaco que guardaba a modo de paracaídas de emergencia. Si antes me daba pánico saber que no tenía tabaco, ahora sentía miedo por tenerlo cerca. Mi mentalidad había cambiado.

Quinta fase: aprender a vivir sin tabaco. Después de eso pasé un mes o así con la vida social al mínimo. Sentía que saliendo por ahí aumentaban las probabilidades de recaer. Poco a poco vas aprendiendo, sobre todo porque poco a poco tienes más control sobre tu tabaquismo y te resulta más fácil volver a hacer la vida que hacías sólo que sin fumar. El día menos pensado te das cuenta de que te has atrevido a beber por ahí con amigos y de que lo controlas. Aun así no te engañes: hay momentos en que te vienen unas ganas locas de fumar. Has superado lo más difícil pero debes ser consciente de que no puedes bajar la guardia.

No sólo eso, sino que debes autoimponerte la máxima de "cero tabaco". No fumo ni en las bodas, ni en las nocheviejas ni nunca. Creo que le miedo que, nueve años después, sigo teniendo a recaer por una gilipollez un día de fiesta es lo peor que me puede ocurrir y, al mismo tiempo, una posibilidad real. Como dicen los alcohólicos: quien lo es, lo será siempre, se trata de permanecer sobrio. Yo creo que siempre seré fumador, pero seré un fumador abstemio.

Por lo demás, todo son ventajas. Vas a notar cómo tu salud mejora en poco tiempo. Vas a sentir un chute de orgullo y de autosatisfacción que valdrá más que todas las bocanadas de tu marca favorita. Y sobre todo, recuerda una cosa: yo era de los que pensaba que fumar era algo que conseguían los demás, pero no yo. Y me equivocaba, yo también podía. Y lamento no haber sido lo bastante valiente como para dar el paso antes, pero me alegro cada día que pasa de haberlo dado entonces, y no después.
Por último: no leí el famoso libro, no establecí una fecha en el calendario. Simplemente sentí asco de mí mismo, sentí miedo por mi salud, sentí la necesidad de hacerlo y, para mi asombro, lo hice. Y desde la perspectiva del tiempo, veo que tampoco era para tanto, aunque duruante los primeros días crees que te vas a morir sin fumar. Pero no, nadie se muere por eso, al revés.
Mucho ánimo, y espero que mis palabras te ayuden a dar el paso.

2 comentarios

Me sumo, no tengo la habilidad de transmitir el mensaje de una manera tan real y cercana,pero me sumo a transmitir que se puede y que es una de las mejores sensaciones que puedes tener. La satisfacción de ir ganando día a día y seguir feliz y firme . Sigamos sin fumar yo llegando a los 4 meses

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Enviado por casilda el Mar, 15/05/2018 - 19:03

Me siento muy identificado con ese relato, me parece que refleja el miedo a tomar la decisión de abandonar nuestra dosis diaria de anestesia, el vértigo de tirarnos solos en el parapente y volar libres de cadenas siendo conscientes de haber entrado en una nueva pantalla. A veces sucede, estas decisiones llegan tras haberse encendido la luz roja de alarma de nuestra salud, pero bueno, lo importante es salir del barco antes de que se hunda, no crees?

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Enviado por Steppen el Mar, 15/05/2018 - 19:43