Hoy me han mandado por correo unas fotos de hace unos años, ya casi ni me acordaba de ellas, me las hizo una amiga fotógrafa para una exposición, en esas fotos sólo se ven mis manos trabajando ciertos materiales que no vienen a cuento, porque lo que realmente me ha impactado es el color de mis dedos y de mis uñas, nada, pero nada que ver con las que tengo ahora.
Es increíble como han cambiado mis manos, parecen incluso más jóvenes cuando han pasado al menos 6 años de esas fotos, pero especialmente se ven los dedos índice y corazón amarillentos al igual que las uñas, curiosamente las que más amarillas están son las de los meñiques.
Pongo mis manos al lado de la pantalla, y las comparo, ahora son manos y dedos blanco-rosados, como mis uñas, siempre sin pintar, así que puedo comparar perfectamente y ver como la nicotina ha desaparecido completamente de mi piel.
Es curioso, porque muchísima gente me ha dicho y yo misma lo veo, que se me nota en la piel de la cara, en el color, la luminosidad y la hidratación, pero nadie te suele mirar las manos, salvo mi amiga que con su ojo de fotógrafa supo darse cuenta hace unos días de ese detalle, y hoy con todo su cariño me ha mandado las fotos que me hizo en su día, para que me sirva de refuerzo en este camino que ella ya recorrió hace más de 15 años pero que no olvida.
Quizás os parezca una tontería pero me apetecía compartirlo con vosotros, porque mejor que nadie lo podéis comprender.
Gracias por leerme. Besitoss
P.S. Hay algo que la cámara no captó, el olor, antes me olían siempre a cenicero, ahora me encanta olerme las manos, siempre tuve el vicio de olerlas, pero ahora disfruto de hacerlo.