Obsesiones.

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Robel

18/08/2010

Hoy, después de mucho tiempo, la obsesión de fumar parece que me ha dejado tranquilo. Existe un libro muy bonito de Milán Kundera -La Inmortalidad-, que dice que, en rigor, son los gestos los que se apoderan de los rostros de las personas; y no al revés. De este modo, así como las personas no escogen sus gestos, yo arriesgo ahora, plagio mediante, que tampoco somos nosotros quienes disponemos de las obsesiones, siendo ellas las que nos conquistan cuando lo desean, pero también quienes se mudan al hartarse de nuestra indiferencia. Con esta idea en la mente es que me puse a escribir, feliz, tratando de reflexionar con cualquiera que guste de mi compañía.

Hoy, un poco más sereno, también pensé que pasamos gran parte de la vida echándonos cosas encima, externas, foráneas, innecesarias. Yo, como muchos de ustedes, me agregué un hambre artificial al que ya traía: el hambre de la nicotina. Es muy extraño esto. Muy humano. Agregarse hambres. O sedes: consideren, por ejemplo, el calvario de los alcohólicos. Si no fuera por lo trágico, semejante cuadro sería cómico. Sin embargo, por lo menos a mí, me pinta de cuerpo entero. Pasé un cuarto de siglo con el cigarrillo enredado en los dedos, encendiendo uno cada quince minutos, durante doce o trece horas diarias. Y si bien a los pocos años de pegarme el vicio comprendí el alcance del problema, fui consciente de los riesgos físicos, de las torturas metafísicas y de las molestias que me ocasionaba la desafortunada actividad de fumar, lo seguí haciendo muy campante, creyendo que, pese al daño proferido (o precisamente por el daño mismo) fumar era un placer que, una vez conocido, resultaba imprescindible.

Ignoro cual será el truco de la adicción. He leído bastante al respecto, no obstante, creo que nadie le ha visto las manos al mago. Es como ver volar un avión: se sabe que existe la ciencia aeronáutica, la aerodinámica, la física de la propulsión; pero parece MAGIA que tal cosa se sostenga en el cielo. De modo que, además de la explicación lógica que se nos ofrece de la nicotina, el cigarrillo sugiere una dimensión aparte, irracional, etérea, espiritual, romántica, que nos fascina tanto o más que su consabido principio activo. Una cuestión de amor, de afecto. Como esas parejas que, pese a llevarse horrible, luego de pelear y pelear, continúan unidas inexplicablemente; casi como si peleando se olvidaran de la pelea. Que es como si nosotros dijésemos: fumando, olvido que fumo.

Escribo esto con la esperanza -acaso ilusoria- de haber comenzado a desandar el laberinto. Un laberinto a medida, gratuito, privado, sostenido por los cimientos de mi adicción. ¡Y cuántos años tirados a la basura!, siempre extraviado, seducido en los espejismos de la enfermedad, creyendo que nada tendría el más mínimo sentido -mi familia, mis amigos, mis proyectos- si dejaba de fumar. Llegué a decir, como un imbécil, encorajinado por una petulante soberbia, que no me interesaba vivir sin nicotina. Y, cada vez con mayor desesperación, sentía, tácita, inconfesablemente, que el cigarrillo ideal, ese que por completo me satisfacía, iba quedando en un abstruso recuerdo, incluso dudoso, de mi juventud. Juro que ponía esmero e invertía gran cantidad de tiempo en buscar aquella lejana satisfacción: cambiaba marcas, inventaba rituales, incluía café, alcohol, pero nada bueno sucedía: apenas calmaba ese hambre artificial que por propia voluntad había cargado a mis días.

Dándole vuelta a las ideas, sospecho que el cerebro humano, patrono de nuestra inteligencia, parece ser, al mismo tiempo, el órgano más estúpido del cuerpo. Como si la lucidez y la imbecilidad fuesen caras de una misma moneda. Hace poco leí que las bases de cualquier adicción son algo así como un "error fisiológico" del organismo. Quizá, -agrego yo- las obsesiones relativas al vicio pertenezcan al universo de los "errores psicológicos" de la mente. No lo sé. Ya es bastante con que el cerebro ame, en general, aquellas substancias que el cuerpo detesta.

Nada más. Sólo dejar constancia que, al momento de arriesgar estas líneas, llevo casi nueve semanas sin cigarrillo. El mundo, contra mis viejas previsiones de fumador, es un lugar hermoso, muy digno de ser vivido. Realmente cada día más.

Gracias por tu compañía.

9 comentarios

Muy bueno tu texto.

Es verdad, los gestos se apoderan de nosotros.   Siendo más radicales, podríamos decir que hasta el lenguaje nos sujeta y nos divide.    El acto de fumar nos invade en la adolescencia, y la adicción inmediata a la nicotina hace el resto.    Es impensable y absurdo que una persona comience a fumar fuera  de la adolescencia.   A nadie le gusta fumar en un principio:  por el contrario, genera tos, mareos y vómitos. Sin embargo, continuamos hasta lograr que nos "guste", y ahí está la trampa:   en realidad, nunca nos agradó.  Lo que sucedía es que nos incomodaba la falta de nicotina, y el tabaco compensaba esa falta, y nos hacía sentir como antes de ser fumadores.

El acohol, por lo menos, puede generar sensaciones de placer:  el gusto de un buen vino, algún licor, o simplemente la sensación de "alegría" que genera en mucha gente.   El cigarrillo no genera nada de eso:   lo único que consigue es evitar el displacer de la falta de nicotina, que él mismo ha creado (ayudado por nuestra estupidez, claro)

Kundera tiene razón:  la conducta estúpida de fumar nos ha capturado, con una inteligencia tan sutil que hasta nos hace creer que nos brinda placer.

Afortunadamente, hemos entendido su lógica perversa y también sabemos que abandonar el hábito es mucho más sencillo de lo que se dice.  

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Enviado por ddam57 el Mié, 18/08/2010 - 15:58

Hace ¡¡¡29 semanas¡¡¡ unos 6 meses y medio que no fumo. Todo ello después de más de 25 años fumando. Todavía no me explico cómo llegué hasta aquí, de qué manera se fueron poco a poco las ganas de fumar, pero así ha sido.

Creo que fue importante el libro de Allen Car, que me dió la pista definitiva, esa chispa de lucidez necesaria para volver a ser libre. No utilicé ningún método más, y no dejé de fumar en cuanto leí el libro, sino muchos meses más tarde.

Entré en este foro casi desde el principio, y llevo 6 meses más escuchando que escribiendo, siempre me parece que no tengo nada más que decir, pero tu texto me ha sorprendido por su inteligencia y agudeza y no quería pasar la oportunidad de decirlo.

 Aprovecho también para saludar a ddam57 que tan bien entendió el mensaje de Alen Car y que tanto se esfuerza en transmitirlo. ¡Tienes razón en todo¡

Saludos a todos y mucho ánimo.  

 

 

 

 

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Enviado por Esther2010 el Vie, 20/08/2010 - 12:57

Realmente brillante esa frase.... 

"sospecho que el cerebro humano, patrono de nuestra inteligencia, parece ser, al mismo tiempo, el órgano más estúpido del cuerpo. Como si la lucidez y la imbecilidad fuesen caras de una misma moneda."

 En uno de mis intentos por dejar de fumar leí el libro de Allen Carr, en el que decía que, después de muchos años de fumar, de poner las mismas excusas y de responder con la misma soberbia que tú mencionas, tuvo una "revelación", que le hizo abandonar el tabaco con total naturalidad, de forma simple y sin sufrimiento. 

 Sufrimientos aparte, que cada uno identifica y manifiesta como puede y quiere, imagino que esa revelación de Allen Carr es lo que en un momento de nuestras vidas de fumadores algunos sentimos o sentiremos. Un momento en el que la verdad se hace clara como el cristal, y nos deja ver más allá de nuestra estupidez. El momento en que comenzamos a sentir nuestras cadenas (parte elemental de la cura) para así poder romperlas.

 La "revelación" es el momento en el que deseamos la LIBERTAD por encima de todo, el momento en que la lucidez vence a la imbecilidad.

 Enhorabuena por tus nueve semanas sin humo, y por ver lo hermoso del mundo. Seguiremos luchando por ello. 

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Enviado por Mithril el Mié, 18/08/2010 - 17:04

Parece increíble ver como lo que uno siente y que personalmente creía que era la única persona a la que le sucedía es más común de lo que se imagina.Para mí la vida sin fumar no parecía posible, pero que sorpresa me he llevado ahora que llevo 3 semanas 3 días 6 horas, me doy cuenta que es mas fácil delo que pensaba y que además ha pasado algo que nunca imagine, me siento orgullosos de mi, algo que no recuerdo hubiese sucedido antes, pues aunque he tenido logros profesionales ninguno lo he sentido tan personal como este. Jimmy

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Enviado por Jimmymil el Jue, 19/08/2010 - 05:43
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Enviado por alfaca el Jue, 19/08/2010 - 13:00

Muy bien dicho Robel. Me alegro muchisimo que hayas llegado al punto de dejar atrás esta obsesión.

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Enviado por AnnaS el Jue, 19/08/2010 - 14:16

Me parecia que yo pensaba y tu escribías , me he quedado como el titulo sin palabras , pero bueno chico que estabas en mi mente !!!!!!

Mejor que tu no creo que nadie describa tan bien lo que siento en estos momentos pienso exactamente igual que tu.

No puedo decir nada mas , solo que escribas así eternamente y que yo lo pueda leer, por un momento me he olvidado de todo....... Me encantó tu relato ha sido autentico

ABRAZOS.  

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Enviado por paloma39 el Mar, 24/08/2010 - 17:19

Muy agradecido, Paloma.
Me hace muy feliz saber que, de alguna manera, te he podido infundir ánimos para seguir adelante.
Un gran abrazo y a tus órdenes.
Robel.

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Enviado por Robel el Mié, 25/08/2010 - 11:40

Pues si la verdad es que me has hecho recapacitar mucho , ya que vi, que no solamente soy yo la que piensa así , y que un dia pensé que no merecia la pena vivir sin fumar , ESPANTOSO , ni yo me creo que pudiera pensar algo así ,,,, tuve un accidente la semana pasada y esta semana esta  siendo crítica me leí tu relato (que así lo llamo yo) varias veces y pense pero que razón tiene y que bien se explica este chico.

Besazos 

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Enviado por paloma39 el Jue, 26/08/2010 - 11:32