No puedo dormir

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Vie, 20/07/2018 - 19:26

El insomnio es uno de los efectos secundarios más recurrentes que sufrimos los que dejamos de fumar, pero a mí me gusta la noche, me gusta buscar su magia y hacer cualquier cosa en las noches de verano, a pesar de que al día siguiente me levante con ojeras. En esas horas de madrugada me cuelo en un libro, veo la calle vacía y amarilla desde mi terraza y oigo la música de los grillos mientras toda la ciudad duerme.   

 

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  • 01/26/18
  • Dom, 22/07/2018 - 19:37

                                             NO PUEDO DORMIR 


         Desde que he dejado de fumar apenas puedo dormir y, además, he desenterrado el hacha de guerra contra todos los humanos que me rodean. ¿Será el mono?

        Con los ojos clavados en el techo, amanece en blanco y negro con la banda sonora de los vehículos que empiezan a inundar la ciudad, esclavos sin cadenas montando el escenario de la vida cotidiana. Se oye algún grito de alguien que desconoce el volumen del alba y empieza la carrera hacia el bienestar a cambio de nuestro tiempo y nuestra vida. 

         Afilando mi mano con la lija de la cara, observo dos ojos hinchados por el insomnio frente al espejo, ese enemigo íntimo que me recibe frió y distante como siempre y me somete a un tercer grado riguroso, ¿acaso le he preguntado yo por qué tiene salpicaduras de dentífrico?  No vale la pena comenzar el día discutiendo con el primero que te toca los huevos. Mirándome fijamente sé que me estoy desviando del camino, pero ¿de qué camino?

        En la procesión hasta el trabajo, la radio me castiga con música de todo a cien, las noticias anuncian que ha subido la gasolina, veinte muertos en accidentes de tráfico, aumenta la inseguridad ciudadana y noticias de deportes, que a falta de religión o soma, cumple perfectamente su función narcotizante. Más opio para el pueblo.

        A través del cristal del coche veo rostros somnolientos y desencajados en medio del atasco, enemigos anónimos que hacen rugir sus motores intentando llegar antes que yo, pero eso ya lo veremos, monos con pantalones. 

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  • 11/07/17
  • Dom, 22/07/2018 - 14:18

En mi caso el no fumar me hace dormir más. Me da la sensación de que el sueño es una de las cosas que no se alteró al dejar de fumar, pero sí las costumbres

Cuando fumaba me "liaba" mucho más antes de irme a la cama, me quedaba viendo el movil y echando unos cigarros tan agusto, si me metía en la cama y no me dormía me levantaba a echar un piti y muchos domingos que no tenía nada que hacer me levantaba pronto a tomar un cafe y un cigarro

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  • 01/26/18
  • Dom, 22/07/2018 - 19:35

Si Kike, a mí me pasa lo mismo, duermo varias horas más cada día desde que dejé de fumar. "No puedo dormir" es un texto que escribí hace un tiempo, recurriendo a la abstinencia del tabaco como excusa para describir un estado similar al insomnio y al mono.

Lo mejor de dejar de fumar para mí ha sido la increible sensación de respirar aire limpio en cada momento, yo que estaba casi todos los días con sinusitis y, por supuesto, la mejora del estado físico; según una app que uso en el móvil, desde que dejé de fumar tengo contabilizados más de 1.000 kilometros haciendo footing, algo que fumando no lo hubiera hecho ni de coña.

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  • 01/26/18
  • Mié, 01/08/2018 - 20:08

 Si nunca has utilizado el yoga para relajarte, pruébalo ahora, es totalmente gratis y los beneficios son enormes. Alguien puede pensar que cobro alguna comisión o que tengo algún interés particular……pero no, todavía no he pedido mi comisión por inducir a la gente a adentrarse en el paraiso. Posiblemente si haces algunos intentos, aunque sea por curiosidad, ya que te vas a desenganchar del tabaco podrías compensar enganchándote al yoga para siempre.                                   

        Hay días en los que la ley de Murphy se erige en protagonista y hoy es uno de esos días. El instinto asesino flota en el ambiente, el aire está lleno de gas inflamable y una pequeña chispa puede provocar la explosión, pero yo tengo un antídoto para estas situaciones: el yoga.

 Me tumbo en la habitación de cubos con música oriental y recorro mentalmente mi cuerpo empezando por las piernas, se vuelven pesadas, la izquierda..... ...ahora la derecha........, ahora que pienso en derechas, no entiendo como aguanto a mi suegra, cada vez que la veo  tengo que morderme la lengua para evitar un conflicto global de consecuencias inimaginables. Me dice la buena señora que  "Franco hizo muchísimo por España", sobre todo limpiarla de rojos y quitarnos la libertad a todos. Cuanto daño ha hecho el Nodo en el tierno cerebro de esa generación, las inauguraciones de pantanos con Franco a la cabeza y el seiscientos. La señora azul siempre acaba defendiendo sus teorías dictatoriales con esta frase tan original: " una cosa es la libertad y otra el libertinaje", en fin, dios aprieta pero bien.

 

       Vaya, me he despistado, me he puesto a pensar sin darme cuenta. Voy a visualizar colores, esta técnica es muy práctica para evitar el parloteo mental. Verde ......... la oscuridad es verde............., este color siempre me recuerda al Romancero Gitano de Lorca. Roberto Bolaño era muy ácido con la clasificación de los poetas homosexuales. Los dividía por sus tendencias sexuales en: maricones, maricas, mariquitas, locas, bujarrones, mariposas y ninfas. Poesía y sexo, binomio eterno. Es plausible aunque infructuoso el esfuerzo de muchos escritores de literatura erótica, intentando describir sensaciones que no se pueden plasmar en un papel, que no se pueden transcribir en palabras. El sexo vive en el hoy, en el directo, con toda la locura que conlleva y utilizando todos los sentidos, sobre todo el del tacto. Todo lo demás son sucedáneos. La paja en el ojo ajeno, ¡vaya frase!, eso si que es una perversión.


       Ya estoy derivando en la verborrea mental, no hay manera, lo intentaré con un mantra.   Ommmmmmmm  .......ommmmmmmmm..........., dicen que este mantra es el sonido que producen las galaxias en su viaje por el universo....ommmmmmmm ........ , joder, el sonido que oigo y no me deja concentrarme es el del perro del vecino de arriba que ladra como un poseso. Voy a subir el volumen de la música para no oír al perro. Quizá está un poco fuerte pero todo sea por el yoga. Ommmmmmmm ........... , llaman a la puerta, ¿quién cojones será ahora? Abro y veo al capullo de mi vecino apuntándome con el dedo y vociferando: “se ha creído que su casa es una discoteca, voy a llamar a la policía”, y yo le contesto sin acritud: “se equivoca, esto no es una discoteca, es un puticlub y su mujer no ha venido hoy a trabajar", cierro de un portazo y le oigo maldecir en hebreo.


       He vuelto a perder el hilo, esta sesión de yoga se está convirtiendo en un desastre, solo me queda utilizar la postura del loto, estas meditaciones nunca me han fallado. He perdido flexibilidad pero puedo cruzar las piernas, no sin esfuerzo. Visualizo la paz, la armonía, expiro, inspiro............ , pero un dolor agudo como la dentellada de un tiburón atenaza mi pierna izquierda, es una rampa. Veo las estrellas esta vez sin hacer yoga, maldigo mi suerte y abandono esta caótica relajación.

 

Suena el teléfono insolentemente y como Clint Eastwood en La muerte tenía un precio, lo miro desafiante con cara de asesino  y voy a por él:

 

             - Si, ¿qué pasa? - pregunto airado.

             - Buenas tardes .....  - me dice una voz de mujer, y presumiendo una oferta de telefonía móvil, la interrumpo al borde de la crisis nerviosa:

             - Ni buenas tardes ni leches, ya estoy hasta los cojones de vosotros, ¿me oyes?

             - Pero que te pasa boludo, soy Carla.

             - ¡Carla! - pronuncio su nombre con la voz de Forrest Gump y ahora soy consciente, es Carla, el bombón argentino del pub irlandés, creo que he metido la pata hasta el fondo.

             - Te llamo para ir a cenar y me montas un kilombo, gallego. Tenés que hacer un poco de yoga, pelotudo. Chao.

 

Me quedé con el teléfono pegado a la oreja, oyendo los tonos de su ausencia y pensando en su última recomendación sobre la  meditación. El yoga debería estar prohibido.

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  • 11/07/17
  • Sáb, 04/08/2018 - 02:42

Jajaja, muy bueno Steppen

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  • Steppen
  • 01/26/18
  • Mié, 15/08/2018 - 12:58

 

Footing, andar, cualquier deporte o ejercicio físico no solamente va evitar el aumento de peso sino que va a cuidar, con drogas naturales, nuestro cerebro, que es nuestro timón.


                                                 ENDORFINAS
        Formo parte de un nuevo ejército que recorre avenidas, parques y calles, corriendo ó quizás huyendo. Antes de empezar a hacer footing, miraba a estos apátridas deportivos con recelo, me preguntaba si tendrían algún problema, si eran peligrosos. Ahora yo soy uno de ellos.

 

En el momento de salir a la calle, chequeo tobillos, rodillas y gemelos, todo en orden, la pista libre y despego. Noto en cada zancada como todo el cuerpo choca contra el suelo, la cabeza y el pecho sufren fuertes oscilaciones, el vientre se contrae, el corazón bombea la sangre con fuerza y las piernas amortiguan estoicamente los 78 kilos.

 

La gente va atravesando mi visión por ambos lados y veo a una pareja discutiendo, malos tiempos para la lírica. Tres aprendices de primer grado con peinado de serie hablando de algo que no puedo entender pero si oír. Una elegante princesa con falda gris contoneando sus caderas en cada paso. Reprimo al lobo estepario y sigo corriendo. Paso sobre las cebras de la selva, sin fiarme de los cocodrilos de cuatro ruedas y ojos luminosos que proliferan en los ríos de asfalto.

  

Alguien comienza a pintar círculos oscuros y húmedos en mi camiseta y mis cejas llaman al cerebro pidiendo ayuda para atajar la avalancha de sudor que se cierne sobre mis ojos. La torre de control ordena a la mano derecha que drene las zonas húmedas de la frente. Acercándose a mi oreja, mi mano me filtra información confidencial sobre el centro de control, insinuando la celebración de una fiesta improvisada con barra libre de endorfinas, ¿Quién será el camello?

 

Una nube de éxtasis ilumina mi ultimo kilómetro, el cielo está a punto de cerrar sus puertas y una luz rojiza choca contra mi cuerpo. Todo lo que veo esta lleno de magia gris y rosa, no distingo entre el asfalto, el mar, los árboles o los humanos, todo parece formar parte de un mismo catálogo uniforme y misterioso. Me cruzo con un pequeño Fox Terrier y a traición le lanzo una sonrisa.

 

En la ducha, inundado de endorfinas, me siento preparado para hablar con dios y debatir sobre su existencia. Puede que intente convencerme, porque él sabe que hoy tiene posibilidades.