Tabaco y sociedad

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Mar, 25/05/2004 - 08:44

Tabaco y sociedad

FRANCISCO CAMARELLES GUILLEM/



La evidencia es incuestionable, el consumo de tabaco constituye la primera causa de muerte evitable en nuestro país. El científico británico Richard Peto, una autoridad mundial en el estudio del consumo de tabaco, utiliza un ejemplo para explicar los riesgos que asumen los fumadores por fumar. Coge una moneda, la tira al aire y la recoge con la palma de la mano. Cara o cruz: ese es el riesgo, (50%), que tienen los fumadores inveterados de morir por el tabaco. Así de sencillo y contundente.



La deficiente conciencia social explica que el porcentaje de fumadores en nuestro país se sitúe en el 34,4% de la población general española mayor de 15 años. Si nos comparamos con países europeos como Alemania, (27,5%), Reino Unido (27%), Suecia (20%) Dinamarca (27%), Italia (27,5%), nos situamos por encima en el porcentaje de fumadores; sin llegar a situaciones de porcentajes de consumo de tabaco de países con sistemas sanitarios y sociales en profunda crisis como Rusia(45%) y Turquía (40%). Hay que tener en cuenta que, en los países que han conseguido reducir el número de fumadores, se ha evidenciado una reducción de la mortalidad, un aumento de la esperanza de vida, y un aumento de la calidad de los años vividos, además de ahorro económico, ya que -actualmente- el coste sanitario de sólo las seis enfermedades principales, asociadas al consumo activo de tabaco, supone por si mismo el 75% de la recaudación anual por impuestos sobre las labores del tabaco. Dejar de fumar genera salud en el fumador pero, también, ahorro en costes sanitarios y económicos para la colectividad. Sin embargo, España se halla lejos de conseguir el objetivo propuesto por la Organización Mundial de la Salud (OMS), de reducir -a menos del 20%- el número de fumadores en cada país.



Llama la atención que, nuestra sociedad, que ha dado muestras de reacción rápida, a veces incluso alarmista, ante cualquier potencial amenaza de la salud pública, como los brotes de meningitis, las «vacas locas», los alimentos contaminados, la gripe asiática o los accidentes de tráfico, permanece impasible !paradójicamente! ante los problemas que causa el consumo de tabaco, de mucha mayor magnitud. Las razones que explican porqué el problema del tabaquismo no se percibe, en toda su magnitud y gravedad, por la opinión publica española son diversas. Entre ellas, destaca la tolerancia social hacia un consumo culturalmente arraigado en España, así como el dilatado periodo de tiempo que transcurre entre el inicio del consumo de tabaco y la manifestación de los efectos sobre la salud de los fumadores, aspectos que explican parcialmente la falta de percepción social del problema y la indefensión de la sociedad respecto al tabaquismo.



Para hacer frente a este problema necesitamos líderes, sociales y de opinión, que nos saquen del letargo social en el que estamos inmersos; que se cree un clima social, sensible al debate de las consecuencias que acarrea el consumo de tabaco; y que la sociedad adopte una actitud, crítica y exigente, frente a este problema. El tabaquismo debe entrar a formar parte de la agenda política de nuestro país. Como señala el convenio marco de la OMS para el control del tabaco, el abordaje de la epidemia mundial del tabaquismo es fácil: sólo se necesita la voluntad política de los gobernantes.



Las estrategias para la prevención y el control del tabaquismo deben abarcar dos aspectos, uno de abordaje social del problema -disminuyendo la presión social para fumar- y otro de apoyo a la deshabituación de la adicción al tabaco. El primero se logra mediante políticas de espacios libres de humo del tabaco, libres de publicidad, con control de la promoción de la conducta de fumar que hace la publicidad del tabaco, así como un despliegue de medidas que aseguren una protección real de los menores frente al acceso al tabaco, junto al establecimiento de una política fiscal que refuerce la prevención. El segundo debe facilitar ayuda efectiva a las personas, para que logren dejar de fumar minimizando el riesgo de recaída, con apoyo terapéutico que no se limitara a intervenciones farmacológicas sino, también, psicosociales. Toda estas medidas se deben adoptar en un marco de convivencia social, de tolerancia y de forma progresiva, sin olvidar la primacía del derecho a la salud de los no fumadores.



El consumo de tabaco tiene un componente de adición a una sustancia (nicotina), un componente psicológico y un componente de dependencia social. Muchos momentos claves de la vida en nuestra sociedad están asociados al consumo de cigarrillos: bodas, bautizos o cualquier tipo de celebración social, incluidas las deportivas. Asimismo cuando un fumador está intentando dejar de fumar es importante el apoyo que le puede dar su entorno, teniendo derecho a encontrar un entorno facilitador, que le ayude en su intento; esto implica la creación de «espacios sin humo» y su respeto por todos. Además la creación de «espacios sin humo» y su generalización, se impone ante la realidad de que el aire contaminado por humo de tabaco es cancerígeno, lo que obliga a protegernos a todos contra este riesgo.



Las organizaciones profesionales y científico-sanitarias de nuestro país desarrollan diversas actividades de control y prevención del consumo de tabaco. Entre estas actividades destaca en nuestro país, la organización de la «Semana Sin Humo», cuyos objetivos son: sensibilizar a la población general sobre las consecuencias sanitarias del tabaco, informar a los fumadores sobre las posibilidades de tratamiento, y reforzar la motivación e implicación de los médicos de familia. Del 24 al 31 de Mayo de 2004 vamos a celebrar la V Semana Sin Humo, con el lema «yo también lo dejo hoy». La sociedad española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC), su Programa de Actividades Preventivas y Promoción de la Salud (PAPPS), y el Grupo de Abordaje del Tabaquismo (GAT), han movilizado a sus asociados para participar en esta actividad, estando en primera línea en las acciones de prevención y control del tabaquismo.



La prevención y el control de la epidemia del tabaquismo pasan por la concienciación y el compromiso social de todos. Sólo así conseguiremos que cambie la percepción que tiene nuestra sociedad sobre el tabaquismo, y alcanzar una mejor salud para todos.